
Imagínate que te diriges en coche al trabajo y tienes un dolor de cabeza de intensidad moderada. El camino hasta el trabajo está despejado, el día pasa sin incidentes, las cosas te salen bien, no hay mucho trabajo, tus compañeros están de buen humor, etc. Probablemente al final del día no te acuerdes de tu dolor de cabeza. Si por el contrario de camino al trabajo te encuentras un atasco con todos sus bocinazos, malos gestos, llegas tarde, estás a tope de trabajo y pierdes todo el día en tonterías e imprevistos, los compañeros te pasan marrones, el jefe te echa la bronca y sales mucho más tarde de tu hora, seguro que el dolor de cabeza, aspirina en mano, habrá alcanzado valores máximos.
Este ejemplo muestra que el dolor tiene un evidente componente físico, pero también un componente psicológico, y ambos se influyen mutuamente: sentir dolor afecta a nuestro humor, y vivir con dolor todavía más; tener estrés o excesivas preocupaciones puede producir dolor o intensificarlo si ya lo teníamos. Y al contrario: si estamos tranquilos y calmados podemos reducir o eliminar el dolor. En el ejemplo descrito hablamos de un dolor sencillo y primario. Cuando se trata de un dolor crónico (lesión muscular, lumbagia, fibromialgia, etc.) sus repercusiones en el nivel psicológico son mucho más intensas y profundas.
La relajación y el trabajo psicológico actúan sobre el componente psicológico del dolor, tanto del primario como del crónico. El psicólogo, mediante técnicas específicas de relajación, puede ayudarte a relajar tu cuerpo y tu mente. Con ese entrenamiento aprendes a prever las situaciones que te generan estrés y a controlar tu respuesta, eliminando preocupaciones, tensiones y dolor.
Un tratamiento psicológico integrador puede ayudarte, entre otras cosas, a reducir la ansiedad, el estrés, el insomnio, el nerviosismo, etc., que a su vez repercute en la disminución o incluso eliminación de cefaleas, migrañas, dolores musculares y dolor crónico.
Este ejemplo muestra que el dolor tiene un evidente componente físico, pero también un componente psicológico, y ambos se influyen mutuamente: sentir dolor afecta a nuestro humor, y vivir con dolor todavía más; tener estrés o excesivas preocupaciones puede producir dolor o intensificarlo si ya lo teníamos. Y al contrario: si estamos tranquilos y calmados podemos reducir o eliminar el dolor. En el ejemplo descrito hablamos de un dolor sencillo y primario. Cuando se trata de un dolor crónico (lesión muscular, lumbagia, fibromialgia, etc.) sus repercusiones en el nivel psicológico son mucho más intensas y profundas.
La relajación y el trabajo psicológico actúan sobre el componente psicológico del dolor, tanto del primario como del crónico. El psicólogo, mediante técnicas específicas de relajación, puede ayudarte a relajar tu cuerpo y tu mente. Con ese entrenamiento aprendes a prever las situaciones que te generan estrés y a controlar tu respuesta, eliminando preocupaciones, tensiones y dolor.
Un tratamiento psicológico integrador puede ayudarte, entre otras cosas, a reducir la ansiedad, el estrés, el insomnio, el nerviosismo, etc., que a su vez repercute en la disminución o incluso eliminación de cefaleas, migrañas, dolores musculares y dolor crónico.

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